Antonio Elio de Nebrixa.

LAS LENGUAS HOY. EL INGLÉS Y LA LENGUA ESPAÑOLA (o ¿LAS LENGUAS ESPAÑOLAS?)

 

Los más optimistas aseguran que hoy en nuestro planeta se hablan más de 7.000 lenguas (www.ethnologue.org). Es cierto que las fronteras entre una lengua y sus variedades (“dialectos” suena peor) no están bien delimitadas; es cierto que muchas tienen escasos hablantes; es cierto que, en la mayor parte de los casos, el hablante de una lengua minoritaria, controla y utiliza otra de uso más extendido. Es cierto. Pero, en cualquier caso, asombra la cantidad de lenguas (y tan dispares muchas veces). 

El inglés es la lengua más hablada (aunque no como lengua materna); es la más usada en la comunicación científica y, cada vez más, en la creación cultural: el título de este blog es todo un guiño a esta evidencia (en la medida que podamos iremos traduciendo al inglés aquellas aportaciones que creamos más interesantes escritas en otras lenguas). La globalización a la que nos han llevado, en gran medida, las Tecnologías de la Información y de la Comunicación ha acentuado el uso del inglés como lengua franca universal.

La lengua española vive, por otro lado, uno de sus momentos históricos más intensos en cuanto al número de hablantes y en cuanto a la producción cultural (en la literatura del XX, por ejemplo, se aliaron dos grandes generaciones de este lado -98 y 27- y, después, el boom de la novela -y de la poesía también- en la otra orilla). El buen funcionamiento de las dos instituciones encargadas de la norma y de su enseñanza y difusión en países no hispanohablantes ayuda a que hoy quizás haya superado al francés como la segunda lengua más importante del mundo. La Real Academia Española y el Instituto Cervantes (un prestigioso académico dijo que eran el Vaticano y las Misiones del español, respectivamente) gozan, más allá -o a pesar- de los vaivenes políticos, de un ascendente prestigio social.

-Logotipo_del_Instituto_Cervantes.svg (1)La Real Academia Española de la Lengua (www.rae.es) trabaja con el resto de las veintidós academias de otros países (www.asale.org) para “normalizar” un español muy variado (con ustedes-vosotros, con vos-tú…) en un espíritu que llamamos panhispanismo (parafraseando a Machado, “nadie habla mejor que nadie”). No olvidemos que hay más de 500 millones de hablantes, de los que más de 21 son estudiantes. Hay que recordar que es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes (después del chino mandarín). Llama mucha la atención que el 7,8 de la población mundial hable la lengua de Cervantes. Y, no podemos obviar -finalmente- un dato importante: en Estados Unidos hay más hablantes de español que en España.

(www.cervantes.es/imagenes/File/prensa/EspanolLenguaViva16.pdf)

Pero esta nuestra hermosa y potente lengua (Unamuno la definió como la “sangre del espíritu”) nació en un humilde rincón de Castilla (Norte de Burgos, Sur de Cantabria), que fue el latín mal aprendido por los indígenas de la zona (la antigua Vardulia) y que, con el paso de los siglos, se ha convertido en un vehículo de expresión de una cultura extendida por cuatro continentes (aún se habla de Guinea, y -mucho menos- en Filipinas) y que ha hecho de ese panhispanismo una bandera de identificación cultural.

Pero ¿hablamos español o castellano? La Constitución de 1978, en su artículo 3º, recoge que:

  1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.

  2. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.

  3. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.

Los padres de la Carta Magna quisieron, con la mejor de las intenciones (también en la nomenclatura), armonizar cuatro lenguas que son todo un tesoro para un país. Después de casi cuatro décadas, y a pesar de ese hermoso párrafo tercero, las políticas lingüísticas (decididas por políticos, no lo olvidemos) han provocado una suerte de “lucha de lenguas” que recuerda, mutatis mutandis, la que tuvo lugar en el siglo III a.C. cuando en la Península Ibérica, alejada del brillo cultural del momento, llegaron los romanos y se encontraron con varias lenguas (vasco, ibero, celta…) que paulatinamente fueron dejando paso -excepto el vasco– a un latín que, con el transcurso de los siglos, se convirtió en gallego, en portugués, en castellano (español) y en catalán (algunos añaden, con razones científicas, que no sociolingüísticas ni políticas, el leonés y el aragonés). Ojalá que todas ellas sobrevivan y pervivan en armonía: y eso depende de nuestra decisión, por encima de las barreras nacionales o nacionalistas que no nos dejan disfrutar de otras maneras de ver el mundo (no olvidemos que el Instituto Cervantes también enseña el gallego, el vasco y el catalán por esos mundos de Dios): esa poesía Celso Emilio Ferreiro, de Gabriel Aresti o de Salvador Espriu.

En este blog, queremos que aparezcan posts (“entrada de un blog”; “mensaje o artículo publicados”) en cualquier lengua, porque la diversidad es una riqueza de la que, frecuentemente, no somos conscientes. Las diferentes maneras de ver el mundo a través de las lenguas nos harán cada vez más abiertos y más tolerantes.

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