LA ORGÍA LINGÜÍSTICA EN LAS NOVELAS DE MENDOZA

mendozaCuando uno se acerca a las novelas Eduardo Mendoza, la primera impresión es de desconcierto. Piensas que se trata de algo diferente o, lo más probable, que el escritor te está tomando el pelo. Cuando uno acaba de leer todas sus novelas, la impresión es de haber asistido a un festín literario y, sobre todo, lingüístico.

El autor barcelonés tiene el don de saber contar historias, de atrapar al lector en una peripecia más o menos verosímil (tampoco importa mucho), a pesar de la extraña, sorprendente y apasionante manera de hablar del narrador y de sus personajes. Porque en el género novelesco es aceptable que el que cuenta la historia utilice el estilo lingüístico que le apetezca, pero que los personajes se expresen igual es una novedad (al menos, en mi experiencia lectora).

La igualación de la manera de expresarse de esas personas que pululan por las historias de la “urbe” barcelonesa coincide, creo, con la “voz” del narrador. Y, entonces, te das cuenta de que Mendoza está por doquier con un uso magistral del léxico de la lengua española.

Un léxico en el que cohabitan tranquilamente, los arcaísmos (sorprendentes siempre) y algunos neologismos, los vulgarismos (menos) y, sobre todo, los cultismos. O sea, lo que se sale de lo normal, del léxico normal. Una auténtica orgía lingüística en la que el lector disfruta a la vez de la historia y de la lengua en la que esa historia se sustenta.

Solo voy a utilizar una novela para visualizar lo que acabo de decir: El laberinto de las aceitunas. Y ahí va solo un racimo, sabroso, de sintagmas nominales con adjetivo protagonista y unas pocas oraciones henchidas del sabio fluir de nuestra lengua, dirigido por el maestro Eduardo Mendoza.


pútrido callejón, palabras admonitorias, pingüe suma, piernas trémulas, rasgos inextricables, ubérrimo caudal de reniegos, inconmensurable valor, presencia conspicua, sardónicas respuestas, niebla procelosa, adhesión incólume, ejemplo inmarcesible, cuerpo exánime, ominosa quietud…

laberintoaceeitunas

“Como el individuo en cuestión no era el señor ministro, salvo que se hubiera producido en el ínterin otra crisis gubernamental, ni era dable suponer que fuera un visitante ataviado de tal guisa…”.

“A lo lejos parpadeaban seductoras las luces anaranjadas de la ciudad, por cuyas arterias discurría, manso y quedo en la distancia, el flujo incesante de los vehículos a motor”.

“¿Por qué acepté sin abrenuncios una misión que, no obstante habérseme descrito como poco menos que una sinecura, había de estar sin duda erizada de peligros?”.


En fin, un disfrute siempre sazonado de una fina ironía, hasta en las referencias lingüísticas: “y no estaría seguramente redactando con abuso del diccionario estas edificantes líneas…”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s